Carolina Jobbágy

Movilidad fija
Notas sobre la poesía de Carlito Azevedo

De Carolina Jobbágy, Barcelona

En los últimos años el intercambio y diálogo entre poetas latinoamericanos se ha acrecentado gracias, en gran medida, a la aparición de antologías, festivales y al creciente uso de Internet como medio para la puesta en circulación de obras y textos. Si bien el fenómeno no es totalmente novedoso y los antecedentes históricos abundan, hoy es evidente que para muchos resulta más atractivo y enriquecedor intentar relevar una escena latinoamericana que insistir en trazar los límites de las literaturas nacionales. Al fin y al cabo, los poetas latinoamericanos comparten no sólo la pertenencia a un mismo territorio, sino también más de una experiencia en común tanto en el orden de lo sociopolítico como de lo estético, y en muchos casos el uso de una misma lengua. Sin embargo, al salir a la búsqueda de Latinoamérica y su poesía actual, en lugar de dar con un panorama homogéneo, lo que encontramos es un complejo mosaico de registros y poéticas. Así, a través de sus poemas los autores que participan del Latinale nos muestran que entre ellos existen varios puntos de contacto en cuanto a las temáticas, tonos e influencias, pero al mismo tiempo, que en cada una de estas obras, ante todo, lo que se construye es una poética personal. Confirman, entonces, que existe una poesía actual latinoamericana, y que se trata de una escena en plena ebullición, pero que difícilmente se pueda presentar como un mero inventario de movimientos y tendencias.

En este contexto, la obra del poeta brasileño Carlito Azevedo es un buen ejemplo de aquellas apuestas literarias que esquivan cualquier definición grupal. Atravesada por el legado de movimientos como el concretismo y la poesía marginal de los 70, pero también por el diálogo con los contemporáneos, la poesía de Azevedo logra, sin embargo, exceder estas influencias. Así, de la tradición latinoamericana y europea quedan citas y guiños. Vestigios que el poeta rescata para actualizarlos en el marco de una lírica singular. Una lírica en la que las imágenes cabalgan de un verso a otro transformándose. Porque lejos de ser el retrato estático de una escena, los poemas de Azevedo se centran en detalles como el vuelo de una mosca, los roces entre una niña y un gato, o una larva que ya anuncia su metamorfosis en salamandra, para capturar los mínimos y continuos desplazamientos de ese universo. Se trata de imágenes efímeras, de pequeñas epifanías que se muestran siempre bajo la amenaza de perderse. De este modo, lo que en un principio se revela nítido, pronto se deshace en lo indeterminado. Movimiento que se traduce en una escritura sinuosa, rítmica que, verso tras verso, crece y se despliega intentando pronunciar el vértigo propio de las cosas, y al mismo tiempo reconociendo la imposibilidad de hacerlo. Oscilando, entonces, entre estos extremos, pero sin pretender anclar en ninguno de ellos, la poética de Azevedo probablemente alcanza su mejor definición bajo la forma del oxímoron que se lee en su poema Al ras del suelo: “aunque de parálisis herida / movilidad fija, la poesía”.

Carolina Jobbágy, nacida en Buenos Aires en 1975, reside ahora en Barcelona. Es autora del poemario Tabla periódica (Buenos Aires, 2002). Ha sido antologada en Taquigrafía para principiantes (Buenos Aires, 2002), en Dulce.12 poetas argentinas (Buenos Aires, 2003), en Vozes femininas (Rio de Janeiro, 2003), y en diversas revistas de Latinoamérica. En 2007 obtuvo el premio de poesía “La voz + joven” de la Obra Social Caja Madrid. Además de trabajar en el ámbito periodístico, actualmente coordina talleres de poesía para adultos y niños.

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