Miguel Ildefonso

Diotima en Berlín

El aire dice dios en otro idioma
Una ciudad en que se extraviaron las flores
Tendidas en una cama
Dios entró a la oscuridad de una luz plena
Aireado por las circunstancias del metro
Que va por Prenzlauer
Y el dócil equinoccio de un resplandor taimado
Soberbio mi pathos en un crisol de hojas polinesias
Arremolinándose en las piedras de Berlín
Una ciudad dos veces una ciudad
Un hombre o miles viajando en tren o bus
Bajo un cielo o dos o bajo millones de estrellas
Un subterráneo en tres lenguas o en una
Trasformándose en tos en humo en bostezo
La vida es un lugar donde habita un cuerpo
La poesía no es la vida
Es aquel cuerpo o
Mejor dicho es la muerte de ese cuerpo
Que ha acumulado mucha luz en dos ojos
Y destella entonces
Aire viento huracán un viaje en tren
El paso de los exiliados en la tierra
El paso de ángel a demonio
En bicicletas que pasean en el agua
Con canciones turcas
Silencios de fierros y noctámbulos
Aquí llega un auto y la noche enciende
Las cabelleras de las prostitutas
Conducidas por los patos
En las afluencias del río Spree
En el cansancio de las palabras
Donde busqué a Holderlin
Entre los dioses y los hombres
Así como la voz de José María
Mientras corrían las bicicletas negras
Sobre las piedras de lejanas estrellas
Un poema es la extrapolación del tiempo
El frío que sale del subterráneo y camina
Entre los metros sembrados de hojas amarillas
Es la exhalación de un viejo hastío
(Aquí un borracho deja su botella vacía
Dice algo que no se entiende
Parece un reclamo un punto de vista
Enciende su cigarrillo
Los chicos malos nunca cuentan sus penas
La oscuridad desciende en blanco y negro
Antes de pararse me dice algo
No le entiendo
Seguramente me pide dinero
Lo veo irse primero hacia la derecha
Luego corrige su rumbo y se va al otro sentido)
Los sueños de los cuervos
Serán más bellos que los míos
O los sueños de los ángeles en blanco y negro
Marchando al baño
Al reflejo del Spree con movimientos humanos
_ La muerte escribe cantos prenatales
Arte rupestre con ojivas nucleares
Y la sombra del metal dentro de la luz
Y los abrazos cortados de un grito
_ La forma en que caen las hojas dice
Si es una despedida o un encuentro
_ La forma en que se arrastran las hojas
También dice si aun hablan los dioses
En ese adiós totalizante
Un adiós del sol entre los puentes del río
Con una escritura plenilunio en amarillo
De árboles y anaranjado resplandor
En una dulce caída
Still herz nahc amour
Amor
Dótima en la mesa de un café en Kreuzberg
Me trago el periódico
Sé que sólo es una ilusión de mi Dótima
Pero un anciano esta sentado en la otra mesa
Es Holderlin y viene hasta mí
Me pregunta si soy poeta
Le digo: Sí, lo soy
Soy un post neo indigenista poeta de un país lejano
A 17 horas de vuelo vía Barajas-Madrid
Y como voy solo por los trenes
Nadie lo sabe*

*He aquí la verdadera historia:
Había una vez un niño llamado Oscar. Caminaba por Prenzlauer Allee con un tambor de hojalata, rumbo al Alexander Plaz, la estación de trenes de Berlín. Había una vez un barrio turco llamado Kreuzberg por donde Oscar rompía los cristales al primer intento de que le arrebataran su tambor. Su grito tenía ese poder sobrenatural. Oscar venía de Perú, de un lugar de Cerro de Pasco llamado Pozuzo. A los tres años había decidido no crecer más. Entró a un bar llamado Potemkin, pidió primero un Krombacher, luego un Rothaus Pills, luego un Budweiser Budvar y finalmente una Largerbier Hell. Pero en su acorazado corazón extrañaba una Cristal bien helada. Había llegado a Berlín invitado por dos amigos poetas: Goethe y Holderlin. Ellos estaban por hacer su aparición en el bar aquel. Pero de pronto Oscar sintió un soplo en el oído izquierdo. Era Cassiel. Oscar sabía que aquel ángel no podría interferir en su vida, ni en la vida de nadie. Pero Oscar había llegado a Berlín para hablar con los ángeles, o al menos con los espíritus de aquellos poetas muertos que le habían invitado a las orillas del río Spree. Trató de escuchar lo que le hablaba Cassiel, pero no pudo. Mas tarde, entre las prostitutas del Spree, se imaginó entonces unas palabras, unos versos de Goethe:
“En lo más noble nuestro ser cultiva
anhelos de rendirse a lo inefable
por honda gratitud que el don no esquiva
al Ser puro, a lo Eterno inexpresable.
Llamémosle Bondad; yo a su clemencia
me acojo y me diluyo en su presencia.”

Miguel Ildefonso nació en 1970 en Lima. Es director de la revista virtual “El Malhechor Exhausto”. Estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú e hizo una Maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas. Ha publicado los libros de poesía Vestigios (1999), Canciones de un bar en la frontera (2001), Las ciudades fantasmas (2002), m.d.i.h.(2004), Heautontimoroumenos (2005) y Los Desmoronamientos Sinfónicos (2006). En 2005 publicó el libro de relatos El Paso, galardonado con el “Premio Nacional de Cuento de la Asociación Peruano-Japonesa”. También ha editado la antología de poesía peruana 21Poetas (2005).

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