Manifiesto residual

FlashBack. Sobreescrituras. Solturas. Senos abiertos.
Íntimas relaciones públicas con el spleen y el subway de las vanguardias

De Rike Bolte

Flash Siglo XXI. Se perfecciona la época de las especies en peligro de extinción, y acontecen con ello las coreografías de reciclaje y sustitución. Revitalizada la capa de ozono, no se sabe si por fuerza propia o ajena, se liquidan los mantos polares. Tendremos agua, en la zona norte. Recuerdo el cambio de milenio en Berlín, –en los techos, en ese entonces aún accesibles para peatones–, en el barrio de Prenzlauer Berg. En un vértigo carbonero, un grupo de post-adolescentes se abrazó a las rígidas chimeneas post-socialistas. Yo fui parte de ese des-equilibrio. Me tranquilicé pensando en el hundimiento de la zona por aguas provenientes del mar norte o báltico, o de ambos. La refrescante fantasía convirtió al edificio en cuyo techo habíamos anclado –como otros y otras bohemios y bohemias y punks y recién aterrizados snobs– nuestro campamento picniquero milenario: en un barco transcontinental. Pero un zumbido epistémico pobló el cielo, deplazó el vello estelar, y la torrente imaginaria de las aguas. Descendí del barco, que zarpó, rienda suelta, hacia el muelle, en dirección de la cancha Max Schmeling, hacia aquel espacio donde una vez pasó El Muro. La cicatriz que quedó en lugar del cual fue borrado, hoy es un parque cagado por los perros. Alcé mi vista. Vias aviáticas se incrustaron en la noche. ¿En qué creer? ¿En aquella noche? El cielo. Espejo de un albor contaminado de mitologías, prolongación de leyendas, en medio de un pleno e incuestionado momento progre-cientifista de la humanidad: pese a los sorbos diarios de noticias sobre el avance de los transgénicos, la colonización de Marte, los esperanzados paisajes in vitro, no se sabía si el globo en aquella noche de calendario cristiano iba o no a estallar.
Mi queja es esta: Desde los techos de Berlín no se pudo disfrutar tabula rasa. Vi arribar los aviones, de todas partes del mundo: snobs pasajeros lanzaron miradas hacia los festines capitales del milenio. Los aviones grabaron sus códigos de época nueva en la pantalla instalada en el lugar de las estrellas. Tuve un flashback. Nos vi nacer, en los años setenta, crecer en ellos, nuestra ausencia absoluta en el 68, sin que nuestros padres nos hubieran pre-reemplazado. Nos vi llegar a fondo de los disturbios personales en los ochenta. Pasar examenes en los noventa. Literatura. Me vi leer un libro: la poesía aviática de la vanguardia histórica. Futurismo. A la par, involuntariamente me asaltaron las escrituras corporales, de senos abiertos y alas expuestas, ya antes del giro de aquellos siglos. Las histéricas, ofrecidas en los salones de los inspectores médicos, ávidos del arte soma-mimético. Seguidas, o movilizadas ya, por las escrituras mecánicas, las estelas del combustible en liberté, el roer de los motores, las junglas urbanas. Vi el resplendor de la vanguardia de una era que dejamos, en esta noche nuestra, reflejarse en ráfagas turísticas hipermodernas, en íntima ronda de una caza de acoso medionocturna. Hitchhikers. Volví al vértigo carbonero. Pensé. No había nada neo. Había consumición. Clichés que se disolvían en los vientos de la retroguardia. Me agarré a la chimenea. Fijé mi mirada en su garganta. No. Lo que no había, era que algo caducara. Devolví la mirada a las colas de cometa de los aviones. Un punk en un techo vecino dio señas neurasténicas. Abrió los brazos. Hizo ademanes de quererse soltar, subway, al empedrado del barrio LSD. Un snob lo agarró. Añadí a mis pensamientos: Lo que a la humanidad no le sobra, son las ideas.

Sobreescrituras La naturalidad de las vanguardias históricas se fundó en su poner de manifiesto las revoluciones de la percepción, paralelas a los fenómenos del progreso tecnológico-industrial de los centros hegemónicos del mundo. Su espactacularidad radicó en las proclamaciones provocadoras, realizadas de forma autoreferencial en manifiestos y performances. Metaforizando el orden de la formación militar y el ímpetu ideológico de su época, las vanguardias tuvieron como objetivo la revolución de la vida a través del arte, como autónomo espacio estratégico. Los -ismos reformularon la función de la representación estética dentro de las sociedades burguesas, rompiendo con la narrativa lineal del Bildungsroman, y favoreciendo la explosión de signos y significados. Dieron a luz, de forma programática, a las formas híbridas. Los escándalos de los y las futu-, dada- y surrealistas, el Gesamtkunstwerk, el happening, la quasi-séance, desplegaron mecánicas seductoras para ligar la vida con el arte. Desde un principio, este fue un proyecto internacional, e inmediato.
¿Cuándo aconteció el fin de esta inmediatez provocadora? Cuando los -ismos políticos arrojaron su peso de plomo sobre los corredores internacionales, asfaltándolos de muertos, y el credo innovador anti-racionalista de los movilizados por la inundación onírica de la vida a través del arte, ya había sido también exterminado. Cuando, tras depresiones económicas y militares mundiales, cobraron potencia necrófila-industrial nuevos proyectos nacionales. Auschwitz y las variaciones genocidas globales que le siguieron volvieron contradictorio o inconcluso el proyecto de la modernidad. El lenguaje, violentado, quebrado, con Adorno se tornó síntoma del vacío, del shock. En Alemania-post-capitulación se intentó el Kahlschlag. Pero cayeron más poetas que palabras. ¿Cómo darle crédito al verbo, al re-inicio, en un paisaje hondamente traumático y culpable?
Acontece el ’68. Se lanza el modelo ‘liberación‘. En Alemania, se interroga a los padres. La representación estética se vuelca nuevamente, de forma radical, hacia el compromiso –esta vez polarizado a nivel global. Surge el terrorismo internacional y los que justifican cada medio para llegar a su fin: la reformulación de regímenes autoritarios, inspirados en los modelos europeos. En este lapso se inscribe el nacimiento de los que hoy emergen con su escritura: en Latinoamérica, en Europa, en todo el mundo. Hijos e hijas de los que sufrieron persecución política, desparición, tortura, fragmentación. En Argentina. En Chile. En Colombia. En Perú. De los que participaron en el discurso anti-terrorista, desde Europa –de donde no se intervino– de los que fueron sus testigos. A la vez, se va formando la producción teórica y estética de la postmodernidad, que pone en entredicho la idea de originalidad, remitiendo al efecto pre-textual, al mosaique de citations. Desde el origen, hay caída linguística y diseminación. Babel. Todo nombramiento se funda en la destrucción de una vasija original. Y toda generación en la indestrucción, la prolongación palimpséstica de una generación precursora. La vanguardia, por más que interrogue a sus padres, no los arrojará al vacío. Lagunas, únicamente hay éticas; todo lo otro se expande en la proliferación textual. La idea vanguardista, de la ruptura, del punto cero, no acontece en los signos, sino en los cuerpos de los que perdieron las batallas ideológicas.

Solturas Las literaturas de la modernidad en Latinoamérica, aunque orientadas en la décadence francesa, dieron forma estética a los procesos de transformación social y cultural de las sociedades de su momento. A la vez, se volvieron síntesis de las tendencias estéticas europeas, y fomentaron una decidida y nueva conciencia continental. Versos libres, cuentos frágiles, crónicas descostumbristas, prosas profanas sensuales, la representación ornamental de ‘hojas al viento’, y las ‘gotas amargas’ en su momento abrieron camino a nuevos textos, explícitamente latinoamericanos. Como ‘vasos sutiles’ acogieron el extracto de una neurastenia intimista –antes de ser apalastados por las reglas social-darwinistas de una ‘raza de Caín’–.
La modernización cultural latinoamericana se tuvo que defender contra las creencias positivistas. Los ‘científicos’ inventaron proyectos de radicación nacionalistas. Por ende, las intervenciones de EE.UU., los combates por Cuba, Puerto Rico, Panamá llevan a una reestimación de las raíces autóctonas, también europeas, aunque en el Viejo Mundo la imagen de una Latinoamérica caníbal aún no ha vencido. Llegan al poder las clases medias; México protagoniza la vanguardia de las revoluciones sociales a nivel mundial.
A partir de este momento, el futuro latinoamericano se delinea decididamente se delinea como político también para los movimientos literario-culturales. Simultáneamente, se anhela la muerte del exotismo sembrado por las tendencias modernistas. París: condenado a muerte. Arrancadas las decoraciones verborrágicas, los textos empiezan a pelear por la vida de perros, vagabundos, otros subalternos. Y por las mujeres, siendo éstas las que inician un dicurso sobre lo que quedó en el tintero. Lo que sigue, son ‘himnos a la luna’, mescolanzas de barroquismo residual y de innovaciones metafóricas, y cacofonías. Empiezan a atacar al público los ‘Lunarios sentimentales’. Los “golpes de la vida” de la instancia lírica la evoca, con gran soltura, la exposición y la ancestralidad, en términos poéticos, del ser humano. La metáfora liberada, sinestética se vuelve desiderátum también de otros regresos e innovaciones. Todo esto, sin que la primera guerra mundial produjera la atmósfera apocalíptica como en Europa. La vanguardia latinoamericana, con las performances en ‘El Café de Nadie’, y en otros lugares, se compromete, a que la poesía invadiera la vida y convoca a un nuevo índice de la poesía latinoamericana.

Senos abiertos Diagnosticar la ausencia de una littérature engagée en los que nacieron en plena guerra fría y inician ahora, a principios del siglo XXI, su escritura, se adecúa a la pérdida de nutrición ideológica. Pero, ¿hay verdaderamente una pérdida? Los que escriben desde la base de despegue de la desenfrenada globalización económica y telecomunicativa están aún marcados y marcadas por los pre-textos de la historia de las ideas políticas. A ello se añade un nuevo aprendizaje: de tener que calcular, lo que rinde el mundo, en términos de consunción de capital y recursos naturales. Más una inspección de migración de postulados –de explotación, reclamación y resistencia– a nivel local, encabezado de agentes, en el peor de los casos, inmersos en la dinámica global de los intereses. Por lo demás, las redes mediáticas parecen nivelar la polarización entre centro y periferia. Un nexo virtual une a los cables discursivos, lingüísticos etc. más diversos. Las poesías, alemanas, latinoamericanas –en ambos casos post-idelógicas, y en parte más o menos inmediatamente post-dictatoriales– se enrumban hacia la web, los chats, los barrios blog. En este espacio acontece la restitución de la metáfora, se despliegan arquitecturas barrocas de los hipertextos. El compromiso de las poéticas latinoamericanas vanguardistas luchó en favor de una integración de co-textos regionales, en un contexto continental. Se despidió del spleen, del aura mortífera y erótica del modernismo para dar paso a un comunicación pública, de un Urzustand poético del ser humano, dentro de un desencadenamiento alucinatorio. Hoy, el Internet es la plataforma y el punto de encuentro de las emergentes propuestas poéticas latinoamericanas, un valioso soporte de los festivales que se multiplican, de forma impresionante, desde las manifestaciones de las nuevas transformaciones sociales, económicas y políticas del continente. Entendido el Internet como matrix, tienen cabida en él la intimidad de los blogs –que en el acto se vuelven públicas–. El Internet: ¿Manifiesto del spleen digital? ¿Almacén residual del subway vanguardista? Medio que transfiere una aquitectura barroca a los espacios íntimos, al café de la mañana de nadie y de todos y todas, invadiendo la vida con su fervor comunicativo? De todas formas, la web es un soporte de las tentativas poéticas por una integración regional. Abres nuevas rutas culturales, que quizás rompan, paso a paso, con las infraestructuras (post-)coloniales, y con el privilegio de la literatura escrita en papel. La web, un loba de senos abiertos, caudalosos, máquina de escribir y leer: cuerpo de senos abiertos y alas expuestas.

Back Vuelvo a los techos de Berlín, y al pasaje trancontinental. Ocho años después. Hace tres años se inauguró un proyecto, consagrado a la importación de un best off de la emergentes voces poéticas latinoamericanas. El proyecto se inspiró en la dinámica de la movilidad y dio a luz a un festival rodante, itinerante, que hace hincapié en la poesía del underground, no la canonizada, de las urbes latinoamericanas. Fuente inspiradora fue el caimán, migrante de la canalización, realizador de un ‘movimiento cloaca’. El proyecto atrae. Las voces que llegan, en general, no tienen mercado; no entran en el cánon acuñado por las etiquetas exotistas que definen la venta de literatura latinoamericana en Alemania. Despiertan el interés de un público otro. También por ser comparables, pese a su especifidad regional, a través de un códido global de lo urbano, con voces poéticas emergentes en Alemania. Pero: ¿Es posible extraer voces de un movimiento regional, con sus propias reglas, a un entorno ajeno? ¿Exponerlo a otro público?
Vuelvo al flash. Mientras los y las poetas latinoamericano/s traigan a Alemania su estructura palimpséstica, su bagage continental, habrá que llevarlos a los techos de Berlín. Para agarrarse juntos a las chimeneas. Mostrar el mapa de Berlín, y detectar donde en él se esconden las rutas poéticas regionales, y hacia donde llevan, fuera de Berlín. Tener flashbacks juntos. Pensar en los polos como patrimonio poético global, en peligro de extinción. Hacer reciclaje juntos. Gozar que no hay tabula rasa. Reinventar gestos lunáticos.

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