Julián Herbert

REICH
(himno entre ruinas)

porque el tiempo tiene grietas
Manuel Alejandro

Gracias a que
enfurecieron carismáticos a lo largo de siglos
y usaron buena gente propaganda parásitos
delincuentes extranjeros sanguinarias
doncellas pequeños saltamontes
y quemaron tundieron mercadearon ciudades
y fabricaron fornituras en finísimo acabado de
pronombre personal
pude mirar en el Museo de Pérgamo
un pedazo de Sócrates en mármol
que a no ser por lo límpido del corte
diría yo que había sido
la cabeza

AMPELMANN*

* lo deseable es
sólo pliegue:
no el organismo
sino
el origami

[Monólogo con Germán Carrasco]

Ni la escuela ni la calle.
Más bien volársela, irse
de pinta, hacer la rata; estar
a la hora de estar en otro sitio.
Afuera por ejemplo del
Cervantes Institut. Y cuervos
en el cielo –más cuervos
que realidad en ese frío. Unidos
volaban de Este a Oeste pero
se devolvían, driblando
al fantasma de un francotirador.
Dibujaban (negras alas
del deseo sobre Berlín,
meticulosas) la V de
lavamanos.

[Johann Heinrich Füssli, La desesperación del artista ante la grandeza de los fragmentos antiguos, 1778-1780, Zurich, Kunsthaus]

Aburrido de que las vacas deban ser divertidas,
de los zafiros en derribo y la frambuesa congelada,
de lo sublime como psicosis con licencia de manejo,
de los concursos de belleza poética,
de los concursos de belleza política,
de Aldebarán y de otros nombres
igualmente tendenciosos,
aburrido de pasear (con papelitos en la mano)
por galerías llenas de escombro,
aburrido del gran Mall metafísico,
de la pájara pinta o la pájara pantera,
aburrido de ser hijo de Orfeo
y cantar todo esto en un orfelinato,
aburrido de bajar al infierno de mimbre
en busca de una aguja.


[ sin título ]

Fuera del Palastadt, en la Friedrichstrasse,
fotos de un musical a estrenarse en febrero.
Un anciano travesti flota sobre la orquesta
envuelto en un capullo de plumas coloridas
–¿o un estanque de focos?…

Hay en el divo un poco de Anna Sten
anestesiada en un quirófano de euforia.
Dan ganas de ser él: marica en un capullo.
Anciano con adornos.

Por eso yo también me tomé fotografías;
fotografías de loca sentada entre los grandes (un
capullo de plumas, un estanque
de focos):

herbe_2
(Foto: (c) 2006 Herbert)

En ésta salgo vestida de intelectual proletario. ¿Por qué yo no, pensé de paso por Berlín, yo Mackie Masser, yo que también miré cómo cambiaban esa llanta, hijo de puta y mensajero de farmacia, achichincle de paristas de la 288, introducido a Marx y Brecht por un obrero que se negó a darme limosna mientras mi madre con su hija de brazos sólo pensaba en lanzarse bajo las ruedas del tren? ¿Por qué yo no, ahora que es sano y hasta insípido como un plato de legumbres, que ningún profesor vocacional se atrevería a abofetearme, ningún actuario aplicaría ley de desahucio a mis muebles y juguetes, ningún cuico podría dar preso a Jorge? ¿Ahora que viene mucho en París y Buenos Aires, que incluso nietos de los psicoanalistas de todos esos militares levantan su puñito en medio de la plaza en señal de: ¿qué cosa??…
(Salgo rapada, con chamarra de asbesto y botas de casquillo. A mis espaldas, muy al fondo a la izquierda, el fantasma de la bruja que se comió a Hansel y Gretel me mira desde el bosque.)

herbe_1
(Foto: (c) 2006 Herbert)

En esta otra llevo corsé de estrella pop. Me duermo en mis laureles. Repito como un mantra: “Nunca. No.”
Porque bajé a la mina y aprendí a castrar diamantes.
Porque aprobé mis cuatro cursos de latín mientras doraba el walkman la maldita
primavera.
Porque soy igualito al Pato Lucas: avaricioso, inquebrantable, esquizofrénico,
adulador.
Porque me asusta pero también me halaga –de un modo bien perverso– el odio
con que me miran los skinheads en un parador de carretera entre
Dortmund y Berlín.
Porque no tengo esperanza de volver, porque no tengo.
Porque repito con la saña de un loro la crueldad que recibí.
Porque amo mucho el mundo y a la vez estoy cansado.
Porque mi madre con su hija de brazos no se atrevió a lanzarse nunca bajo las
ruedas del tren.

(Salgo semidesnuda, desmaquillada, ebria, mostrando los calzones. A mis espaldas, no muy lejos, unas gigantescas tripas.)

[Oranienburgerstrasse: 4 grados: ajenjo]

Alcanzo a verme desde aquí.
Pero apenas: entre mí
nada un tiburón de Nada.

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