Pura vida en bilingüe. De Daniel Bencomo

Daniel Bencomo, 2012. Foto: Timo Berger

Latinale es rodante, no como las piedras, no; sí como el cocodrilo que aparece en su logo y que se ha convertido en toda una referencia en el ámbito poético de Latinoamérica. Un cocodrilo no con fauces que devoran, sino que disparan, con megáfono, versos desde Tierra del Fuego hasta Tijuana. Recuerdo que en México, a mediados del siglo pasado, los taxis eran verdes y a los costados les pintaban unas franjas, con triángulos encontrados en negro y blanco, cuyo diseño simulaba unas largas mandíbulas. Se les llamaba «cocodrilos» y eran sinónimo de algarabía. Con esa alegría, tan «pachuca», nos recibió en Berlín la Latinale, el festival de poesía latinoamericana que en 2012 ha alcanzado su séptima edición. Nos encontramos, muy cerquita de Alexanderplatz, siete autores provenientes de México, Puerto Rico, Chile, Ecuador y Argentina. Berlín fungió como centro neuronal, y de ahí, como cada año, surgen nuevas rutas: este año tocó visitar Osnabrück, como el año pasado tocó el turno de NordRhein-Westfallen. Porque de eso se trata Latinale también, armar redes, nuevos vínculos por todos los rincones donde vibran los poemas en español. De igual modo, durante 2011, Latinale visitó la Feria del Libro de Guadalajara, en México, llevando consigo a un puñado de poetas alemanes, lo que dio ocasión de acumular afectos, anudar vínculos y hacer rodar la poesía.
Osnabrück entonces, en compañía de Nicole Delgado de Puerto Rico y Rike Bolte del equipo de Latinale. Partimos hacia allá el día 6 de noviembre, a conocer los rojos del otoño y una atmósfera distinta en la Baja Sajonia. La lectura fue muy agradable y concurrida, en la Casa de Literatura de la ciudad, cuya escalera se ostenta como la más antigua del norte de Alemania. Ya entonces nos sorprendió la concurrencia animada y cuantiosa, el interés del público alemán por algo que, en un sentido inmediato, resulta tan lejano: ¿poesía joven latinoamericana? ¿sube o baja? ¿suena a cactos y a mambo? ¿suena a mariachi o a tango?
Viajar en el tren y su amplitud de horizontes nos permitió hablar y hablar —con los pinos y algunas fachwerkhäuser y los molinos como fondo móvil— de la transparente y opaca noción de «poesía latinoamericana», ¿qué eso? Recuerdo una ocasión que Timo Berger expresó esta idea: Latinoamérica es una de las pocas regiones del mundo, en la que se recorren inmensos territorios, se cruzan ecuadores y el idioma permanece. ¿Es el mismo? No lo sé. Ni siquiera lo llamamos de la misma forma. Pero hay algo que vincula a la poesía más arriesgada de Latinoamérica: a pesar del inmenso continente (lingüístico) en el que se crea, los poemas llevan al lenguaje a sus fronteras, lo fuerzan a su límite, sea a través de las palabras o sus ideas. Los autores que se han encontrado en las ediciones de Latinale siempre hacen visible esta tensión. Entre charlas de U-Bahn, en lecturas, en desayunos trasnochados o en las caminatas por Kreuzberg o Kotti, descubrimos entre todos diferencias, coincidencias, complicidades: Marina Mariasch, Omar Pimienta, Enrique Winter, Elsye Suquilanda, Christian Forte, Nicole Delgado y quien escribe. No faltó la buena onda y la risa al descubrirnos extranjeros junto al Spree y entre nosotros, compatriotas de una extraña nebulosa donde a veces, como electrones, volvemos a chocar. Era cuestión de traducirnos.
Christian y Elsye radican en Berlín y ya sabían de este traslado de sensaciones. Nicole descubrió que todos los autores de esta Latinale nos ocupábamos de traducir poesía: para Omar Pimienta, siempre en tránsito entre Tijuana y San Diego, su vida es una traducción. Porque toda traducción, toda cercanía con las fronteras, lo digo como mexicano, implica una violencia. Ni siquiera es cuestión de imaginarlo, pero las fronteras, cuando menos lo pensamos, se transforman. No tan rápido, pero deformarán su geometría. Christian Forte nos llevó a Treptower Park, y en el camino de regreso, en la temprana anochecida berlinesa, junto a Nicole y Claudia, con dirección hacia Kreuzberg, platicábamos de todo esto. Luego se metieron notas de Baudrillard en un metrónomo. Ni las fronteras que se habían esfumado, ni los héroes que cambiaban sus rostros, ni sus nichos en Olimpos abandonados, podían imaginar nuestra apuesta por lo mínimo. Luego llegar a un merendero Kebap y comer una sopa de lentejas muy condimentada, sin estrellas.
La vida como traducción y como tránsito. Ese tránsito pude vivirlo en Berlín: escuchar el alemán otra vez «live», preguntar a las personas en la calle, tomar vino caliente y pan de gengibre, platicar con amigos berlineses y descubrir el entorno de algunas obras que me importan y que traduzco: pura vida y sí, pura vida en bilingüe. Los recorridos por las calles berlinesas, en húmedos y arbóreos tranvías, con dirección a las librerías de viejo, en compañía de Tom Schulz, poeta al que valoro muy alto, estimo en persona y traduzco. Recuerdo una librería en particular en Friedrichshein: su especialidad eran las ediciones publicadas en la DDR, y recordaba también a Georg Steiner, cuando decía que Europa… pero era momento de una currywurst y salimos dichosos y con gorros puestos a buscar alguna delicia.
Luego la lectura en el Iberoamerikanisches Institut: quienes participaron nos mostraron los objetos que los inspiran. Christian preparó música con su dúo «Leise y lento», Omar trajo a su familia condensada en una foto, Marina a su hija en una yegua de colores. Luego sus poemas y sus quiebres intensos y ya para finalizar, la lectura todos juntos en el Instituto Cervantes y el nervio por estar ante tantísima gente: estamos acostumbrados a lecturas pequeñitas y locas, a veces vacías, a veces atestadas. Antes de irnos a festejar y a bailar cualquier cosa que el DJ nos pusiera en los oídos, pasamos una excelente tarde en el taller de traducción: ahí descubrimos (otra vez) que cada poema tiene varios dobles ocultos, que dice más y menos de lo que creíamos, que la traducción es un castillo de naipes que, de no tener cuidado, se derrumba. Otra vez nos sorprendió la participación de tantas personas, universitarios e interesados en general. Luego Marina tuvo que partir y la vimos alejarse hacia el U-Bahn con una inmensa maleta, ¿qué sería lo que llevaba consigo?
Porque así quedan las preguntas: qué ocurre tras estar en Berlín, qué ocurre en un imaginario en español, qué depósitos se llenan y qué nubes se vacían, no lo tengo claro. Quiero pensar que hay un choque cultural poderoso, que nos obliga a repensar la realidad de nuestros países, que nos lleva a descubrir regocijos y a iluminar pesadillas. Latinoamérica puede ser una película de terror, pero su poesía es una falla en el filme, esa mancha negra que acompaña la cinta y que presagia su ruptura, una carcajada furiosa y alegre, despreocupada. Así, fulminante y divertida, intensa fue la Latinale 2012. Sé que tras el festival estaremos más cerca, desde Buenos Aires hasta San Juan, de múltiples y singulares maneras. Las gracias para Timo, Rike, Diana, Romy y a todo el staff de Latinale son inmensas. Cada uno de nosotros partió con diferencias de horario rumbo a sus propias diferencias de horario. Todos con impresiones hechas por el frío filoso de Berlín, abiertas en nosotros por una herida cálida, de fauces de lagarto.

Text auf Deutsch hier.

2 comments

Escribe un comentario

Puede usar HTML:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>